Medianoche en París

Un retorno al pasado sin boleto de regreso

Por Lizbeth Muciño Díaz

Hay quienes piensan que la misión más importante del cine y la literatura es buscarle respuesta al vacío de la existencia, a la razón de la vida. Quizás sea cierto, quizás no. Lo que no deja lugar a dudas es que el cine funge como forma de expresión; ya sea que la película se base en una historia real o por su procedencia de la fuente de la imaginación, incluso por la mezcla entre ambas dimensiones.

Medianoche en París de Woody Allen, 2011, es una película que narra la historia de un escritor frustrado de Hollywood (Gil Pender), del proceso de ruptura de su prometida, sazonado por la intromisión de los padres de ésta. El escenario es un París idílico que contrasta con la crisis del protagonista. Dicho escritor vive una ilusión en ésa ciudad; todo le parece romántico, inspirador y perfecto, así que, con esa nostalgia como inspiración, decide continuar con una obra literaria que terminará por convertirse en su proyecto de vida, y a la que titula Retorno al pasado. Por curiosas razones, el protagonista se ve envuelto en circunstancias peculiares; diariamente y a la medianoche, sube a un auto donde se encuentra con alguna personalidad literaria del pasado. Este es su pasaporte en el tiempo; de manera que viaja a la década de los fabulosos años 20. En su travesía por el tiempo, conoce a escritores como Scott Fitzgerald, Hemingway y Gertrude Stein, y pintores como Picasso y Dalí, además se encuentra con una atractiva diseñadora de modas llamada Adriana, de quien terminara prendado.

Es así como Gil Pender se aferra a una paradoja: el pasado le ofrece la vitalidad de vida que el desea; mientras que el presente se torna más aburrido y vano; en el pasado, Stein se interesa por darle un vistazo editorial a su novela, a cambio, su esposa terminará por engañarlo en un enredo amoroso con un déspota de la cultura. En conclusión, la idea general que nos plantea con suma habilidad Woody Allen, es que no importa en que época de la historia hubiésemos vivido, siempre tendremos la noción de un tiempo mejor, de plenitud, en nuestro pasado.

Medianoche en París es, sin duda, una posible respuesta a la nostalgia que nos crea imaginar cómo hubiera sido nuestra realidad, si hubiésemos vivido años atrás. Es una interesante propuesta a la negación de lo que se vive en el presente, que muchos consideramos aburrido y falto de sensibilidad, experiencias y emociones. Un excelente soundtrack y una interesante propuesta de fotografía en pantalla, con este elogio al París inmortal, Woody Allen suma otro clásico a su sorprendente trayectoria fílmica.

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