Su destino era morir
Por José Manuel Meza
Corresponsal de Reynosa, Tamaulipas
Llanto y desolación es el escenario que invade el modesto domicilio de la familia Del Ángel Calderón que, desconsolada, lamenta el trágico accidente de la Central Gasificadora de Pemex de la fronteriza ciudad de Reynosa, en el que perdió la vida Fernando, trabajador de la empresa VGI, quien, aturdido por la explosión, corrió hacia la carretera Reynosa-Monterrey, donde fue atropellado. Dejó solas a su esposa, Karla, de 17 años y a Kahely Estefanía, su bebé de ocho meses.
Como una verdadera pesadilla se sufre el súbito fallecimiento de un joven petrolero (19 años), a quien le tocó estar en el lugar y en el momento equivocado, cuando se produjo la peor desgracia en décadas registrada en un complejo petroquímico de Petróleos Mexicanos y que, hasta el cierre de esta edición, suma 30 personas muertas, 46 heridos y 11 desaparecidos.

